Comprender el impacto de las experiencias adversas en la infancia en el aprendizaje y el comportamiento
- Emily Cabrera
- 1 feb
- 4 Min. de lectura
El trauma moldea la forma en que los niños experimentan el mundo, especialmente en la escuela. Muchos estudiantes cargan con el peso de las Experiencias Adversas en la Infancia (EAI) que afectan su capacidad de aprender, controlar sus emociones y comportarse en clase. Reconocer estos efectos es esencial para los educadores que desean crear entornos de apoyo que ayuden a todos los estudiantes a prosperar.
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Cómo las experiencias adversas en la infancia afectan el aprendizaje
Las Experiencias Adversas en la Infancia (ACE) incluyen eventos como abuso, negligencia, disfunción familiar o exposición a la violencia. Las investigaciones demuestran que los niños con puntuaciones altas en ACE suelen enfrentar dificultades escolares. Estas dificultades incluyen dificultad para concentrarse, problemas de memoria y un menor rendimiento académico.
El cerebro se desarrolla rápidamente durante la infancia, y el trauma puede interrumpir este proceso. Las hormonas del estrés liberadas durante eventos traumáticos afectan las áreas responsables de la atención y la memoria. Esto significa que los estudiantes con ACE pueden tener dificultades para concentrarse o retener información, incluso si desean aprender.
Por ejemplo, a un estudiante que ha sufrido negligencia puede resultarle difícil confiar en los adultos o pedir ayuda. Esto puede provocar la pérdida de oportunidades de aprendizaje y un retraso académico. Las escuelas que comprenden estas barreras pueden adaptar sus métodos de enseñanza para apoyar mejor a estos estudiantes.
Trauma complejo y trastornos del apego en la conducta escolar
El trauma complejo se refiere a la exposición repetida o prolongada a eventos traumáticos, que a menudo involucran relaciones con los cuidadores. Este tipo de trauma puede causar interrupciones en el apego, donde los niños tienen dificultades para establecer vínculos seguros con los adultos.
En la escuela, las interrupciones del apego pueden manifestarse como conductas desafiantes. Un niño puede portarse mal, retraerse o tener dificultades para seguir rutinas. Estas conductas suelen ser formas de lidiar con sentimientos de inseguridad o miedo.
Los docentes que reconocen estas señales pueden responder con paciencia y constancia. Generar confianza mediante rutinas predecibles e interacciones positivas ayuda a los estudiantes a sentirse más seguros. Por ejemplo, un docente podría crear un rincón tranquilo donde un estudiante pueda ir a calmarse en lugar de expulsarlo de la clase.
Regulación y corregulación emocional en las aulas
La regulación emocional es la capacidad de gestionar sentimientos y reacciones. Muchos niños con antecedentes traumáticos tienen dificultades con esta habilidad. Pueden sentirse fácilmente abrumados o tener respuestas emocionales intensas.
La corregulación ocurre cuando un adulto responsable ayuda a un niño a gestionar sus emociones. En las aulas, los docentes y el personal desempeñan un papel clave en la corregulación, modelando un comportamiento tranquilo y ofreciendo apoyo.
Las estrategias simples incluyen:
Usando una voz tranquila y un lenguaje corporal firme
Ofrecer descansos o espacios tranquilos
Enseñar ejercicios de respiración profunda o atención plena
Estos enfoques ayudan a los estudiantes a aprender a regular sus emociones con el tiempo, mejorando su concentración y comportamiento.

Reforma disciplinaria y prácticas restaurativas
Los métodos disciplinarios tradicionales, como la suspensión o la detención, suelen ser ineficaces para los estudiantes afectados por traumas. Estos enfoques pueden aumentar los sentimientos de rechazo y empeorar el comportamiento.
Las prácticas restaurativas ofrecen una alternativa al centrarse en la reparación del daño y la reconstrucción de relaciones. Este método anima a los estudiantes a comprender el impacto de sus acciones y a asumir la responsabilidad de forma solidaria.
Algunos ejemplos de prácticas restaurativas incluyen:
Discusiones en círculo donde los estudiantes comparten sentimientos y escuchan
Sesiones de mediación entre estudiantes y personal
Resolución colaborativa de problemas para prevenir problemas futuros
Las escuelas que adoptan enfoques restaurativos ven mejoras en el clima escolar y reducciones en la mala conducta repetida.
Cómo evitar la retraumatización en los sistemas escolares
La retraumatización ocurre cuando las políticas o interacciones escolares desencadenan respuestas traumáticas. Por ejemplo, la disciplina severa o el castigo público pueden recordar a los estudiantes abusos o negligencias pasadas.
Para evitar la retraumatización, las escuelas deberían:
Capacitar al personal sobre la concientización sobre el trauma
Utilice un lenguaje que respete la dignidad de los estudiantes.
Crear espacios físicos seguros y libres de amenazas
Involucrar a los estudiantes en las decisiones que les afectan
Al priorizar la seguridad y el respeto, las escuelas ayudan a los estudiantes a sentirse valorados y reducen el riesgo de desencadenar respuestas traumáticas.

Avanzando con la educación informada sobre el trauma
Comprender el impacto de las experiencias adversas en la infancia en el aprendizaje y el comportamiento es fundamental para los educadores. La educación basada en el trauma implica reconocer las dificultades ocultas que enfrentan muchos estudiantes y adaptar la enseñanza y la disciplina para satisfacer sus necesidades.
Reflexiones finales
El trauma no termina en el aula. Para muchos niños, la escuela es donde los efectos de las experiencias adversas de la infancia se hacen más visibles: a través de dificultades de aprendizaje, desregulación emocional o comportamientos que a menudo se malinterpretan. Cuando estas respuestas se analizan desde una perspectiva basada en el trauma, dejan de ser percibidas como "problemas" y se convierten en señales de necesidades insatisfechas.
La defensa educativa basada en la concienciación sobre el trauma insta a las escuelas a ir más allá del castigo y a fomentar la comprensión, la conexión y la colaboración. Al integrar prácticas basadas en el trauma, enfoques restaurativos y estrategias de corregulación, los educadores pueden crear entornos donde los estudiantes se sientan seguros para aprender, crecer y sanar. Estos cambios no reducen las expectativas; brindan el apoyo que los estudiantes necesitan para cumplirlas.
Una verdadera defensa también requiere colaboración —entre familias, educadores y profesionales de la salud mental— para garantizar que los niños reciban una atención constante y compasiva en todos los entornos. Cuando las escuelas reconocen el impacto duradero del trauma y responden con empatía y apoyo basado en la evidencia, se convierten en espacios poderosos para la resiliencia y la recuperación.
En Dual Minds Integrative Psychiatry , creemos que respetar las realidades emocionales y neurobiológicas del trauma es esencial para ayudar a los niños a prosperar académica y emocionalmente. Con el apoyo adecuado, los estudiantes afectados por el trauma no se definen por sus experiencias; se les empodera para seguir adelante con confianza, conexión y esperanza.
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